Washington ya no apuesta por cambios de régimen impulsados desde el exilio, sino por reconfigurar el poder desde dentro. De Venezuela a Irak, Afganistán y ahora Irán, el patrón es claro: pierden peso los líderes externos y ganan terreno los actores internos con control institucional. Esta estrategia puede ofrecer estabilidad temporal, pero corre el riesgo de posponer el ajuste político que las sociedades terminan exigiendo.